Es increible lo bien que te puedes sentir cuando escuchas tu CD favorito, increible lo animado que te notas, sin quererlo te mueves al compás de esas canciones, te ríes como nunca, sonríes por nada y por todo, no te sientes ni diferente ni alejado de nadie o nada... Sí, es increible. Y más increible es cómo se te queda la expresión de la cara cuando, sentado en tu sillón, la música se acaba y todo lo que antes te parecía una minucia o había dejado de importarte se te cae encima sin ningún miramiento. Sin quererlo vuelves a poner el CD, vuelves a notas aquella sensación de satisfacción, pero ahora tu mente no te deja tranquilo. Te has sentido bien, luego mal. Sólo piensas en que cuando acabe te sentirás fatal, desearás no haber apretado el botón de Play y todo lo bonito se habrá acabado. Por ello las lágrimas empiezan a caer lentamente por tu cara, tu no quieres. No quieres que ese bonito momento con tu canción lo estropee unas lágrimas sin sentido. Te ríes por no llorar más, y lloras, y ríes por lo estúpido de la situación. Nunca te has sentido así; nunca habías estado bien y mal, y menos por los sentimientos que despierta una canción. Una canción. Tú mismo ves la situación desde fuera y te da miedo, y la comprendes. Sí, la comprendes. Sea una canción, sea una persona, sea una situación, sea cualquier cosa tú nunca cambiarás. Al pensar eso te sientes mejor; siempre estarás con alguien, tú mismo.
Y en ese largo camino habrá muchas canciones, y personas, y situaciones que te harán ser como eres realmente. Finalmente conseguirás lo que temías no lograr, ser sencillamente feliz.
escuchando: the velvet underground
Y en ese largo camino habrá muchas canciones, y personas, y situaciones que te harán ser como eres realmente. Finalmente conseguirás lo que temías no lograr, ser sencillamente feliz.
escuchando: the velvet underground
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