viernes, 25 de junio de 2010

Jikari

Miro por mi ventana y el panorama siempre es el mismo. Y me encanta. Todo el mundo cambia, las personas, los gobiernos... Y yo también he cambiado, pero a pesar de todo, durante estos últimos cinco años, esta visión ha permanecido intacta. Los árboles siempre están verdes, el sol siempre reluce, los pájaros cantan y las nubes ¿se levantan? no. Y las nubes se mueven lentamente. Nunca son blancas del todo, y menos grises. Llevan manchas y crean figuras que me gusta buscar y descubrir.
Cuando me quedo un minuto enfrascada en este mundo que parece alejado del real siempre me pregunto cuándo será el día que llegue, me asome y vea que todo esto que ahora dislumbro haya cambiado o desaparecido. Siempre me imagido a mí con diez años más, asomandome por la ventana de mi antigua habitación, sintiéndome desolada y triste por no poder volver a ver esta bonita postal. Pero si se mantiene ¿será porque el destino me guarda una mala experiencia relacionada con esto? Porque así nunca la olvidaría al volver a mirar a través del cristal.

Hay veces que me pierdo en las hojas de los árboles lejanos, tan pequeños y definidos, miro fijamente sus copas e imagio estar ahí sentada (oliendo, sintiéndo). Posiblemente si quisiera podría acercarme, no está tan lejos. Pero seguro que cuando me acerque al tronco me llevaré una gran desilusión. Todo lo hermoso imaginado volaría junto a sus hojas y quedaría un ente abanonado, rozando ligeramente con sus yemas la tosca madera del tronco del árbol. -Suspiros. Vuelvo a subir la vista hacia mi postal personal- Me siento liberada cuando miro más allá; me imagino flotando entre el aire de poniente, con la cálida expresión bañada en la luz de las últimas horas del día banal que tanto odio y tanto rechazo crea en mí. Paz en mi burbuja personal.

Bratislava By Beirut

Me dirigí a mi cama, con los auriculares puestos dispuesta a evadirme de todo en la total oscuridad, donde estaría muy bien acompañada. Me dispuse a apagar la única lucecilla amarilla que me alumbraba, esperando con los ojos abiertos a que me quedara perdida en la oscuridad hasta acostumbrarme. Pero no fue así. Cuando la bombilla dejó de alumbrar una ola de confianza, esperanza y amor llegó a mí: la amarilla luz dejó paso a la blanca e inocente luz de la luna que, desde mi ventana, lucía llena y esplendorosa en el cielo nocturno. Aquella felicidad me hizo sonreír, no las trompetas de la canción que había elegido expresamente.

Me quedé ahí. Mirando la luna. Escuchando vientos reivindicativos que nada pegaban con la melodía de aquella canción... y una lágrima cayó muy lentamente de mi ojo izquierdo recorriendo toda la cara para dejarme una extraña sensación húmeda. Me sentí triste por nada y al mismo tiempo capaz de todo. Fue una sensación extraña; un cariño de nadie que me permitía afrontar todo con valentía y sin miedo, sintiéndome más fuerte que nunca. Cuando después de un rato pasé el dedo por el borde del ojo para quitar restos húmedos noté como parte del recorrido hecho me irritaba, físicamente. Escozor, como una herida abierta, que se extendía desde el lado contrario del lagrimal creando una minúscula raya.

jueves, 3 de junio de 2010

the smell of wine and cheap perfume

Hoy me siento bien. En otros términos diría que he vuelto a caer, pero no me siento así. Sino como si este nuevo hecho me haga estar por las nubes. Por primera vez lo veo positivo y me gusta verlo así. No es solamente por tal o cual, sino por lo que los acompaña. Un nuevo capítulo de mí ha sido abierto, y gracias a ello más hechos que antes podría pensar que era mejor que no me pasaran ahora los veo bien, con demasiadas ganas de recibirlos que hasta me asusto. No sé si se me junta todas estas cosas porque los astros se han alineado, o que simplemente mi estado eufórico hace que todo lo vea positivo cuando a lo mejor sólo son simples hechos sin importancia.
Creo que saco las cosas un poco de quicio. Pero por fin me he sentido con ganas de escribir algo, porque sentirme rodeada de algodones y escuchando mi música ha hecho que mi mente se relaje y sonría en medio de un suspiro en mi refugio blanco. Soy breve pero no necesito más, hasta dentro de mucho, espero.


Gracias a él.