domingo, 31 de enero de 2010

Título?

Mirando a un punto fijo entre la ventana y el radiador, con la mirada perdida. Cantando canciones con un tono profundo y perdido a la vez. Sugetando fuertemente la taza de poleo, medio vacía, sobre el tarro de miel de flores. Pensando en la representación de las personas, de sus conciencias, en un plano físico, sus cuerpos. Oyendo como la aguja del segundero cada vez va más despacio. Pasa el tiempo. Todo igual.
¿Qué digo?
Una noche normal.

miércoles, 27 de enero de 2010


Recordar el pasado siempre es duro. O eso siempre he pensado. Pero nunca me había pasado de verdad. Hoy mismo, ahora mismo, mi corazón no podría ir más rápido. Me ha dolido tanto abrir el pasado que no lo entiendo. Simples emociones destapadas, emociones que no recordaba. ¿Es por el miedo?¿Es el miedo que tengo que no me guste lo que soy? Necesito mi pasado para crearme un futuro, y me duele. Porque tan mal estaba antes que lo único que quería era cambiar radicalmente; y lo conseguí. Tanto que hasta he llegado a un punto que no he podido reconocer mis propias vivencias y sentimientos pasados. Antes lo veía más claro. Antes no sabía que lo veía más claro, y todo me parecia una total desilusión. Ahora todo me parece falso, banal. No quiero echar las culpas a nadie, porque realmente nadie las tiene. Pero ¿por qué me pasa esto?¿No poder entenderte? Sí, siempre se habla de lo mismo, pero hasta que no llegas a un punto realmete crítico no te das cuenta, y maldito punto crítico. Ya no sé ni lo que digo; me empiezo a rayar con todo y con nada, todo es un espejismo o todo es la simple realidad; no lo sé, nadie lo sabe. El problema aquí es que nadie confia en nadie, nadie piensa en nadie, nadie se preocupa de nadie, porque... ¿qué somos realmente? Nada. Pero nos empeñamos en pensar otra cosa, y no sé qué hago hablando de esto. Ahora lo único de que hablaba era del miedo que sientes hacia ti mismo, y de la sensación que se crea cuando crees que todo es un simple guión que nadie ha escrito y que cada uno lee como le da la gana.
Nada.
Nada.
Nada.
Emoción.
Todo tiene una explicación,
quizá.

lunes, 11 de enero de 2010

El deseo de cambiar es tan grande en ciertos momentos de mi vida que ya no sé ni quien soy, ni lo que quiero. Odio el hecho de no poder. Pero una persona sí puede si se lo propone, todo el mundo lo dice, incluso yo misma. Pero ese deseo, que a veces viene, de renovarlo todo, deshacerme de lo viejo, de lo malo, de mis recuerdos, mis pesadillas, y mi pasado; ese deseo que cuanto más fuerte lo noto peor me salen las cosas. Porque he querido tirar todo, he empezado, pensé que iba bien, pnsé que esta vez -de verdad- lo iba a conseguir. De veras que lo pensé. Y llegó el nuevo año; repleto de esperanza y felicidad, nuevos deseos, nuevas ilusiones, nuevas ideas para todo. Una mente despierta y ágil la que sentí en aquel momento. Todo lleno de liberaciones; sin tabúes, sin ataduras, que no hacen más que hacerme heridas que no dejan de sangrar. Y tan grande fue mi deseo de que cicatrizaran que no vi por donde iba, por donde me metia, no vi nada y sola me quedé. En una habitación oscura, llena de sufrimiento y malos recuerdos, todo mi pasado convertido en sangre esparcida de la que no soy capaz de huir, la que siempre me perseguirá, la que tan odioso sentimiento despierta en mi. Y lo peor, en el principio de mi nueva era. Un nuevo año desperdiciado, todo sale mal, todo se desmorona, y no sé cómo construirlo de nuevo. Porque tan bajo he caido que ya no soy capaz ni de mirar hacia arriba, la luz me deslumbraría y quedaría cegada por siempre, pienso.