Ha empezado a llover de una manera extrañísima: parece que cada oleada de viento empuje las gotas que están atrapadas en las grises nubes. Es genial. Parece que el cielo esté enfadado con la tierra y la única manera de desfogar su ira sea lanzando pequeñitas cuchillas: gotas finas, heladas, mortales. El viento se oye chocar con la ventana y las gotas han empapado los cristales; la palmera de enfrente creo que va a caerse, de tanto que se bambolea.
Han pasado un par de minutos y lo único que queda son las casas, los jardines y las calles mojadas. Vaya, visto y no visto.
(Escuchando Otherside, de Red Hot Chilli Peppers.)
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