Hablar de algo ordinario no se me da bien pero, como a la mayoría, siempre me aparecen ideas sobre la diferenciación, el estado en el que te das cuenta de que no perteneces a nada y nada te pertenece a ti. Demasiado común entre las personas…
Lo que veo no es real. Estoy en medio de un espacio normal, en el que ciertas gentes saben cómo hacerlo especial para ellas mismas. Hace frío y mi chaqueta es mínima frente al viento. Estoy varios minutos inmóvil, miro los árboles y pantas que crecen bajo mis pies. Una ráfaga de viento hace que levante muy lentamente la mirada hacia el cielo: unas nubes grises se mueven rápido, junto al viento, sobre el mar de nubes blancas que nos esconden del Sol.
Pequeñas cuchillas heladas de agua atraviesan la atmósfera para caer sobre mi cara, hacen que me sobresalte y frunza el ceño -sonrío y cojo la más grande bocanada de aire que me permitan mis pulmones- . En qué mundo vivimos, donde uno puede estar aislado junto a personas que no te miran. Eso me hace parar: si ahora me pusiera a correr por la calle, correr hasta llegar a ningún destino, realmente ¿quién se daría cuenta? Familia, amigos… ¿qué es eso frente a la capacidad de sentirse uno mismo? ¿Importamos o importan en este plano que es nuestra vida?
Súbitamente me doy cuenta de una cosa y me alegro mucho, es lo único feliz que he oído en toda la semana. Ahí está, el único a quien le importo, comiendo tranquilamente, sin saber que es mi motivo de infinitas cavilaciones sobre la gente, tan inocente como inferior. Hermoso, ¿cierto? Es triste que piense esto y a veces me arrepiento de lo mucho que menosprecio algunas cosas, pero éstas no han hecho nada para que las quiera. ¿Por qué hay gente que tan fácilmente siente aprecio por casi todo? Hago muchas preguntas y nadie me contesta, nadie quiere contestarme, ¿a quién le gustaría saber que no es querido?
Si vivimos en un mundo lleno de engaños, malas intenciones, y de intereses ocultos, si eso es la realidad ¿qué nos queda? Sinceramente, si lo piensas en conjunto, es demasiado irreal. Esto podría decirse que es la irrealidad de la realidad. Extraño pero para algunos cierto. Aunque prefiero vivir en la realidad de mi irrealidad. Donde yo pongo los nombres, las etiquetas, y si quieres puedes pedir permiso para entrar, donde serás bien recibido porque te veré como quiero verte, y justo ahí estarás.
Entro en el hogar. Lo único que siento es una frialdad tan lejana como cercana; se acerca llevando consigo un cristal que no entiendo de qué está hecho hasta que queda frente a mí. Mis propios prejuicios se agolpan creando una pared y a través de pequeños resquicios puedo ver como avanzáis sobre los pasos, sobre el tiempo y sobre las emociones.
Y justo en ese momento alguien se gira y me mira a través de todo, su mirada me transmite ánimos, pero es cuando cierro los ojos y me dejo llevar por la lluvia que me cae en la cara.
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