¿Por qué me haces sufrir? ¿No ves que estoy mal? ¿No? Eso creía, creía que yo era algo importante; me hiciste sentir como una reina, como algo mejor, pensaba que yo era parte de tu mundo, y tú del mio.
Pero no, ahora vuelves; bueno, no has vuelto, sigues, imponente, sin prestar atención, o prestando más de la necesaria, para hacerme sufrir, con tus ojos, que me miran de reojo; con tu sonrisa, que sólo vi sincera una vez en mucho tiempo... ¿Te acuerdas? Ese día tan perfecto, dónde el sol nos bañaba con su luz cálida, ese tipo de días que, aunque pasen muchos años, sigues recordando con claridad, con absoluta claridad... Y yo pienso, ¿es eso cierto? ¿Tú lo recuerdas? ¿Soy yo la única necia en este juego del destino? ¿En esta partida de ajedrez, dónde tú te has retirado, y ahora yo tengo todas la piezas, todos tus recuerdos, todos los pedazos de ti que sobraron? Por favor, dímelo. Necesito saberlo, pero se que no lo harás. Se que ahora ya no vives en mi hemisferio, estás en otra dimensión, en dónde nadie puede entrar, dónde sólo tú dejas pasar a tus invitados... Antes. Sí, antes, yo era tu invitada de honor. Y ahora, mírame. Observando por una ventana a la lluvia; veo cómo cae, fría, silenciosa, y horrorosa. Me muestra el camino que escogí, y el destino que me separa de ti. De tus fuertes brazos, y tus suaves labios. Se querían: tus labios, mis labios. Pegados como con cola, una fuerte atracción, eterna estática nos unía y nos unió, hasta que tú diste un paso en falso. Y en falsa tristeza caí yo, cambiando de cara, encerrandolo todo. Sin ningún resquicio de amargura, ni melancolía. No podía ser así, no debía ser así. Pero ahí estuve. Y ya no se qué pensar, si sigo en ese estado de alta aflición, o no es más que un pequeño subtema en mi desquiciada vida, y más adelante al júbilo y alborozo dejare paso, para enterrar directa y definitivamente mis pésimos recuerdos tuyos, que tanto daño me causaron, en un pasado lejano.
Pero no, ahora vuelves; bueno, no has vuelto, sigues, imponente, sin prestar atención, o prestando más de la necesaria, para hacerme sufrir, con tus ojos, que me miran de reojo; con tu sonrisa, que sólo vi sincera una vez en mucho tiempo... ¿Te acuerdas? Ese día tan perfecto, dónde el sol nos bañaba con su luz cálida, ese tipo de días que, aunque pasen muchos años, sigues recordando con claridad, con absoluta claridad... Y yo pienso, ¿es eso cierto? ¿Tú lo recuerdas? ¿Soy yo la única necia en este juego del destino? ¿En esta partida de ajedrez, dónde tú te has retirado, y ahora yo tengo todas la piezas, todos tus recuerdos, todos los pedazos de ti que sobraron? Por favor, dímelo. Necesito saberlo, pero se que no lo harás. Se que ahora ya no vives en mi hemisferio, estás en otra dimensión, en dónde nadie puede entrar, dónde sólo tú dejas pasar a tus invitados... Antes. Sí, antes, yo era tu invitada de honor. Y ahora, mírame. Observando por una ventana a la lluvia; veo cómo cae, fría, silenciosa, y horrorosa. Me muestra el camino que escogí, y el destino que me separa de ti. De tus fuertes brazos, y tus suaves labios. Se querían: tus labios, mis labios. Pegados como con cola, una fuerte atracción, eterna estática nos unía y nos unió, hasta que tú diste un paso en falso. Y en falsa tristeza caí yo, cambiando de cara, encerrandolo todo. Sin ningún resquicio de amargura, ni melancolía. No podía ser así, no debía ser así. Pero ahí estuve. Y ya no se qué pensar, si sigo en ese estado de alta aflición, o no es más que un pequeño subtema en mi desquiciada vida, y más adelante al júbilo y alborozo dejare paso, para enterrar directa y definitivamente mis pésimos recuerdos tuyos, que tanto daño me causaron, en un pasado lejano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario